martes, 24 de marzo de 2020

Recuerdos



   No es más que una tarde cualquiera de primavera, a pesar de que durante el día el sol ya calienta más, al atardecer es necesario algo para cubrirse. Cojo la vieja manta de cuadros, la que compramos tantos años atrás, y me siento en el porche con una taza de té. Cada vez los niños están más tiempo en la calle, como si vaticinarán el verano, recogiendo todos los rayos de sol que puedan; y se empiezan a oir los gritos de las madres que los llaman a cenar.
    Después de todo el día trabajando sin parar, necesito un tiempo para descansar, tan solo una taza de té, y hay que prepar la cena, tal vez haga puré de pata. Eso me recuerda la primera vez que viniste a casa a cenar, estabas tan nervioso, estuviste delante de la puerta unos 10 minutos sin saber si salir corriendo o tocar a la puerta. Mi padre te estuvo observando desde la ventana todo el rato y cuando al final decidiste tocar, él sonrio y supe que todo iría bien.

           - Cariño, despierta, cojeras frío.
           - Ya has llegado? He debido quedarme dormida. Ahora mismo hago la cena.
           - No te preocupes, hoy la hago yo, descansa.

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