martes, 26 de julio de 2022

Tercer encuentro








     Unos mese después del encuentro en el hospital, María y yo ibamos caminando por la calle en busca del pastel perfecto para el cumpleaños de Clara, que después de todo lo que le había sucedido en los últimos meses queríamos darle una pequeña alegría. Clara llevaba tiempo diciendo que quería probar el pastel Red Velvet que se estaba haciendo tan famoso por todo el mundo, pero con el embarazo no le permitían comer mucho azúcar.
   Nuestro pueblo era bastante pequeño y las modas que seguian eran las de hacía 20 años atrás, eso si querías producto de cálidad, porque podías encontrar repostería más novedosa, pero parecía que lo había hecho un niño de 5 años y la calidad dejaba mucho que desear, más parecido a comida de perro que de personas. Fue por todo esto que al final decidimos ir al pueblo de al lado, el cual había decidido avanzar y no quedarse estancado como el nuestro.

    Sabíamos que la pastelería Mon Amour era la mejor de la ciudad y aunque se especializaba en repostería francesa, también era conocida por su gran calidad y variedad en tartas. Raul, el hermano de María dijo que la Red Velvet de este sitio era el mejor pastel que él había comido. Así que nos dirijimos hacia allí, después de 1 hora de cola, conseguimos la última tarta que quedaba, la última Red velvet. Al salir, suspiramos aliviadas, por fin la teniamos, solo quedaban los globos y los regalos de los que se encargaban las demás.

  El coche lo teniamos aparcado dando la vuelta a la manzana, cosa que tal vez no fuera la mejor idea, ya que al dar la vuelta a la esquina y a pocos pasos de este nos chocamos contigo y la tarta se cayó al suelo. María y yo nos miramos, miramos el pastel, que ahora estaba en el suelo, te miramos a ti y volvimos a mirar al pastel.

- Lo siento muchísimo, no estaba mirando al frente! Estais bien?

- El pastel de Clara... (María)

Me agaché a recojer la caja y comprobar el estado de la tarta, mientras contestaba.

- (suspiro) Estamos bien, no te preocupes. Nosotras también deberíamos haber tenido más cuidado.

La tarta había pasado a mejor vida, era una triste sombra de lo que era 5 minutos antes.

- Al menos esta bueno, Quieres un poco de tarta?

Se te escapo una risa con ese comentario. Tu risa hizo que nosotras tambien nos rieramos, al menos que no falte el humor.

- Lo siento, no debería reirme. Siempre os encuentro en alguna situación un tanto peculiar. Era una Red Velvet? Si es así, mi hermana tiene una pequeña pastelería aquí al lado y seguro que os puede ayudar. Acaba de abrir, pero realmente se le da bien esto, y corre de mi lado, por haberos tirado la tarta.

Y este fue nuestro tercer encuentro, y  todavía recuerdo tu risa de aquel día, como se te ilumino la cara.

martes, 7 de abril de 2020

Segundo encuentro




        El 1 de agosto mis amigas y yo nos dirijiamos corriendo hacia el hospital comarcal, puesto que Clara estaba de parto. Nueve meses atrás había tomado la mala decisión de salir un tiempo con un chico que se acababa de mudar al pueblo. Cuando éste se entero del embarazo, decidió contarle a Clara que en verdad estaba casado y que solo estaría en el pueblo unos pocos meses por temas de negocios y que por supuesto no quería saber nada del niño, puesto que su familia lo esperaba en la capital. Esa escoria no volvio a contestar sus mensajes y a los dos meses desaparecio del pueblo sin tan solo despedirse. Pero como dice el dicho "A todo cerdo le llega su San Martín", ya nos encargaríamos nosotras de que eso sucediera.
      Tres horas más tarde, Clara salía de la sala de parto con un niño guapisimo en brazos, se la veía radiante. A pesar de todo, esa Clara era su mejor versión de si misma y al verla no podías hacer otra cosa más que sonreir, como si con su sonrisa dijera que todo iba a salir bien, que ella sola podría con todo y que saldría adelante. 

      - Tienes todo nuestro apoyo, en lo que sea, sólo dilo y ahí estaremos.

   Al oir mis palabras sonrio todavía más, por si dudabamos que fuera posible, y nos dio las gracias volviendo la mirada a su pequeño angelito, a Diego.
   Los padres de Clara estaban en un viaje romántico, por lo que tuvieron que volver a toda prisa al enterarse del parto, por eso nosotras fuimos la única visita que tuvo ese día.Estuvimos toda la tarde con ella y con su angelito, hasta que una enfermera amablemente nos recordo que el horario de visitas había terminado. Nos despedimos y prometimos volver al día siguiente y llevarle todos los regalos que teniamos para el niño, que con las prisas en llegar nos olvidamos en casa.
       
     - Quiero matar a ese idiota de Paco.
     - María, no digas esas cosas, te tomaran por loca.
    - Pero es verdad, no me digais que no quereis retorcerle ese pescuezo paliducho que tiene por haber abandonado a nuestra dulce Clara.
    - Creo que matarlo sería demasiado amable para él, podríamos amenazarlo y extorsionarlo, y que pague todos los gastos del pequeño.
     - Otra, María, Rosa, como alguien os escuche...
     - Lia tiene razón, como os oiga alguien, anda que, por eso hay que hablarlo todo en privado, no al aire libre.
     - Sofía, no les des más alas.

   Nada más terminé de decir esa frase nos dimos cuenta que había alguien detrás nuestra y había escuchado todas esas tonterías que decíamos en medio en risa, pero con rábia.

       - Señoritas, no deberían decir esas cosas, no querran que las detenga cierto?

   Al darnos la vuelta, ahí estabas tú con tu traje de policia, habías acompañado a un borracho herido, y nos mirabas con una sonrisa en la cara. Esta era la segunda vez que nos veíamos, vaya situaciones las de nuestros encuentros.

domingo, 5 de abril de 2020

Encuentro




    Recuerdo como nos conocimos, hace tantos años ya ... Recuerdo que fue en época de lluvias y yo acababa de volver a casa de la universidad. Mi novio y yo habíamos rotos hacía apenas una semana y mis amigas decidieron llevarme a la feria del pueblo de al lado. Por suerte, la lluvia había dado una tregua y pudimos pasear sin muchos más problemas que los charcos. Como en todas las ferias había música, atracciones, juegos y por supuesto mi querido algodon de azúcar, al comerlo es como si estuvieras comiendo nubes, siempre me ha fascinado esa sensación.
    Ese día se nos hizo tarde y no fue hasta bien entrada la noche que decidimos volver a casa; debido a las lluvias la carretera no estaba en el mejor estado posible, cosa que nos es un problema de día, pero al anochecer la cosa cambia. Había una roca en la carretera, que no vimos hasta que fue tarde, no pudimos esquivarla y chocamos. Por suerte era María quien conducía, suele conducir algo lento, por lo que nosotras no nos hicimos nada, pero fue distinto para el coche, que había conocidos tiempos mejores. Lo intentamos mil veces, pero el motor había dejado de funcionar.
   Tras una larga hora, vimos a lo lejos las luces de un coche patrulla, encendimos las luces del coche intermitentemente para pedirle ayuda y vimos como venía hacia nosotras. Al llegar, el conductor bajo la ventanilla y ahí estabas tu, un policia con un año de experiencia patrullando las carreteras buscando a los borrachos que salían de la feria.

                         - Señoritas, que hacen ahí paradas en medio de la noche?

     Al explicarte lo sucedido llamaste por radio y al poco rato vino una grua que nos llevo junto con el coche a nuestro pueblo. 
 Y este sería el primero de los accidentes que me llevarían a ti, como si fuera el destino quien se empeñara en reunirnos una y otra vez.

viernes, 3 de abril de 2020

Naturaleza







    Hay una leyenda que dice que todos los bosques y ríos tienen un espiritu guardian que los protege. Un ser que cuida de la vegetación y de los animales del lugar, un ser que mantiene la harmonía y el equilibrio entre magia y realidad. Algunos dicen que son dioses que cansados de la crueldad de los humanos decidieron proteger los hermosos parajes y dar calma a la zona; otros, consideran que son espiritus que estuvieron en vida en el bosque y que al morir sentían tanto amor por el lugar que decidieron quedarse para proteger todo aquello que conocían. Hay poca gente que los haya visto, pero se dice que su belleza es tal que representa a todo un bosque ancestral, como si fuera un bosque de los Dioses y no uno humano; se dice, que los humanos no somos capaces de percibir tan solo su forma, sino que lo que vemos es toda su energia espiritual, su belleza reside en su pureza.
    Seguro que conoceis algún bosque en el que se diga que los humanos no somos bienvenidos, pero en verdad, no es de extrañar, el ser humano ha destrozado todo a su paso, ha creado guerras desde la antigüedad solo para demostrar poder, sin importarle el daño que causara. Nos hemos vuelto más oscuros, olvidando esa pureza y belleza que nos permitía ser uno con la naturaleza. Se dice que fue esto lo que llevo a que los Dioses decidieran exterminar a la sociedad de Atlantis, habían perdido la fe en su humanidad.
  LLegados a este punto mucha gente se imagina un ser fantástico, mágico y solitario en un gran bosque y tal vez así sea, pero hay casos en los que estos seres tienen ayuda y no están solos. Hay humanos que han decidido volver a esa armonía con la naturaleza, que viven protegiendo los bosques desde lo más profundo de su ser, no se trata de ser activistas, sino de amar, amar a la naturaleza que nos rodea y cuidarla. En el fondo ella no ha perdido la esperanza en nosotros, pues cada día nos otorga regalos.

jueves, 2 de abril de 2020

Felicidad




         Te has preguntado alguna vez lo que relamente te hace feliz? Sin darnos cuenta vamos avanzando en esta vida, caminando cada día y lo hacemos de una forma casi automática. Són pocas las personas que realmente pueden decir que son felices con lo que hacen, son pocas las personas que deciden parar en el camino y ver lo que realmente quieren. Vivimos en un mundo donde la mayoría no piensa en los demás, donde el egoismo y la codicia reinan, pero no será esto una forma de mostrar su infelicidad? Una pataleta al suelo diciendo: "Si yo no soy feliz, él tampoco lo será"; claro que esta pataleta se hace de forma inconsciente, no se hace a sabiendas.
     Cuando hablamos de lo que nos hace felices no tienen porque ser grandes cosas, se puede empezar por algo pequeño, por ejemplo, estos días he descubierto lo mucho que me gusta sentarme en el porche a tomarme mi té mientras los rayos de sol me calientan la piel, o oler la flor de naranjo en su máximo explendor. Disfruta de las pequeñas cosas que te hacen feliz y verás como poco a poco tu percepción de las cosas cambia, pasarás de tener más días grises a días con más color, más alegres.
         Tal vez, solo tal vez, esta sea la forma de que el mundo pueda realmente avanzar.

miércoles, 1 de abril de 2020

Madre



    Recuerdo que desde siendo pequeña ya me gustaba hacer dulces. Recuerdo como jugaba en el jardín de mi abuela ha hacer bizcochos de barro y como la ayudaba a hornear uno de verdad, o como ayudaba en pequeñas cosas en la cocina a mi madre. Gran parte de mis recuerdos de niña son en una cocina y supongo que es por eso que para mi familia implica comida.
   Una vez a la semana mi familia se reunía para hacer una comida, sin tener en cuenta las reuniones de grandes celebraciones. Recuerdo como cocinabamos todos juntos y luego comíamos con gran devoción esos platos que acababamos de preparrar.
   El mayor recuerdo que tengo de mi madre es estar en la cocina y los olores, cada día un olor distinto, si es que, no cambiaría los guisos que comí de pequeña preparados con tanto amor por mi madre. Es cuando crecemos que aprendemos a valorar la importancia de la buena comida, esa comida que parece que te reconforta el alma cuando más lo necesitas, la comida que nos ha acompañado siempre, la comida de nuestra madre.
 

martes, 31 de marzo de 2020

Verano




   Cuando pienso en verano lo primero que se me viene a la mente es la casa de mi abuela, es una casa de dos pisos, con hiedra que la recubre y solo deja visibles los huecos de las ventanas y puertas. En la planta baja encontramos grandes cristaleras que dan a un jardín, en este hay muchas flores, rosas de varios colores, petunias, verbena, gazania de color amarillo, el cual combina con los girasoles que hay. Al fondo hay un perqueño huerto de plantas medicinales, de las cuales sólo reconozco la lavanda y el romero. 
    Al lado de la cristalera hay una puerta que da a una cocina, cada vez que entras te inunda el olor de las plantas y de la buena comida, el olor de esos guisos exquisitos que solo las abuelas pueden hacer y deseas que sea la hora de comer. He pasado tantos veranos aquí, jugando a cazar insectos, ayudando a mi abuela en el jardín. Se respira tanta tranquilidad, tanta paz, que es como si estuvieras en otro mundo. Cruzar la pequeña puerta de madera que cierra esa verja, que recorre la casa, es como cruzar un pequeño portal que nos lleva a un mundo donde no existen las preocupaciones y solo reina la paz.