martes, 7 de abril de 2020

Segundo encuentro




        El 1 de agosto mis amigas y yo nos dirijiamos corriendo hacia el hospital comarcal, puesto que Clara estaba de parto. Nueve meses atrás había tomado la mala decisión de salir un tiempo con un chico que se acababa de mudar al pueblo. Cuando éste se entero del embarazo, decidió contarle a Clara que en verdad estaba casado y que solo estaría en el pueblo unos pocos meses por temas de negocios y que por supuesto no quería saber nada del niño, puesto que su familia lo esperaba en la capital. Esa escoria no volvio a contestar sus mensajes y a los dos meses desaparecio del pueblo sin tan solo despedirse. Pero como dice el dicho "A todo cerdo le llega su San Martín", ya nos encargaríamos nosotras de que eso sucediera.
      Tres horas más tarde, Clara salía de la sala de parto con un niño guapisimo en brazos, se la veía radiante. A pesar de todo, esa Clara era su mejor versión de si misma y al verla no podías hacer otra cosa más que sonreir, como si con su sonrisa dijera que todo iba a salir bien, que ella sola podría con todo y que saldría adelante. 

      - Tienes todo nuestro apoyo, en lo que sea, sólo dilo y ahí estaremos.

   Al oir mis palabras sonrio todavía más, por si dudabamos que fuera posible, y nos dio las gracias volviendo la mirada a su pequeño angelito, a Diego.
   Los padres de Clara estaban en un viaje romántico, por lo que tuvieron que volver a toda prisa al enterarse del parto, por eso nosotras fuimos la única visita que tuvo ese día.Estuvimos toda la tarde con ella y con su angelito, hasta que una enfermera amablemente nos recordo que el horario de visitas había terminado. Nos despedimos y prometimos volver al día siguiente y llevarle todos los regalos que teniamos para el niño, que con las prisas en llegar nos olvidamos en casa.
       
     - Quiero matar a ese idiota de Paco.
     - María, no digas esas cosas, te tomaran por loca.
    - Pero es verdad, no me digais que no quereis retorcerle ese pescuezo paliducho que tiene por haber abandonado a nuestra dulce Clara.
    - Creo que matarlo sería demasiado amable para él, podríamos amenazarlo y extorsionarlo, y que pague todos los gastos del pequeño.
     - Otra, María, Rosa, como alguien os escuche...
     - Lia tiene razón, como os oiga alguien, anda que, por eso hay que hablarlo todo en privado, no al aire libre.
     - Sofía, no les des más alas.

   Nada más terminé de decir esa frase nos dimos cuenta que había alguien detrás nuestra y había escuchado todas esas tonterías que decíamos en medio en risa, pero con rábia.

       - Señoritas, no deberían decir esas cosas, no querran que las detenga cierto?

   Al darnos la vuelta, ahí estabas tú con tu traje de policia, habías acompañado a un borracho herido, y nos mirabas con una sonrisa en la cara. Esta era la segunda vez que nos veíamos, vaya situaciones las de nuestros encuentros.

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