Recuerdo como nos conocimos, hace tantos años ya ... Recuerdo que fue en época de lluvias y yo acababa de volver a casa de la universidad. Mi novio y yo habíamos rotos hacía apenas una semana y mis amigas decidieron llevarme a la feria del pueblo de al lado. Por suerte, la lluvia había dado una tregua y pudimos pasear sin muchos más problemas que los charcos. Como en todas las ferias había música, atracciones, juegos y por supuesto mi querido algodon de azúcar, al comerlo es como si estuvieras comiendo nubes, siempre me ha fascinado esa sensación.
Ese día se nos hizo tarde y no fue hasta bien entrada la noche que decidimos volver a casa; debido a las lluvias la carretera no estaba en el mejor estado posible, cosa que nos es un problema de día, pero al anochecer la cosa cambia. Había una roca en la carretera, que no vimos hasta que fue tarde, no pudimos esquivarla y chocamos. Por suerte era María quien conducía, suele conducir algo lento, por lo que nosotras no nos hicimos nada, pero fue distinto para el coche, que había conocidos tiempos mejores. Lo intentamos mil veces, pero el motor había dejado de funcionar.
Tras una larga hora, vimos a lo lejos las luces de un coche patrulla, encendimos las luces del coche intermitentemente para pedirle ayuda y vimos como venía hacia nosotras. Al llegar, el conductor bajo la ventanilla y ahí estabas tu, un policia con un año de experiencia patrullando las carreteras buscando a los borrachos que salían de la feria.
- Señoritas, que hacen ahí paradas en medio de la noche?
Al explicarte lo sucedido llamaste por radio y al poco rato vino una grua que nos llevo junto con el coche a nuestro pueblo.
Y este sería el primero de los accidentes que me llevarían a ti, como si fuera el destino quien se empeñara en reunirnos una y otra vez.
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